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VITORIA.- Ambos jinetes salen a hombros

Hermoso y Leonardo ponen su broche de oro a la feria

M.A. Hierro
10/08/2011 00:12
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Dos tercios de entrada se contemplaban en los tendidos de Vitoria cuando rompieron el paseillo Joao Salgueiro, Pablo Hermoso de Mendoza y Leonardo Hernández, dispuestos a enfrentarse a un encierro de Murube.

Le costó encelarse al primero, un toro bajo y entipado que mostró ritmo y codicia tras el primer rejón del portugués. Templó con pureza y clasicismo las acompasadas embestidas en banderillas y pisó terrenos comprometidos en dos cortas. Marró después con el rejón definitivo y escucho silencio.

Manso y huidizo salió el segundo, que obligó a Hermoso a perseguirlo para clavarle un solo rejón. Manolete fue el encargado de fajarse con el manso, y le echó valor y voluntad en dos banderillas llegando el toro en oleadas. Más valor aún mostró Ícaro, que llegó con los pechos a la cara y expuso tela en una única banderilla.

¡Como lo hizo Pablo en las cortas a lomos de Pirata!, con el que dejó, además, un rejonazo fulminante que redondeaba una obra de grandísimo lidiador y que fue premiada con una oreja.

También distraído salió el tercero, que se fue centrando con los dos rejones de Leonardo. Tuvieron predicamento en los tendidos los dos quiebros limpios en banderillas, si bien faltó batir un poco más tarde y ajustar el embroque.

Se puso bruto el de Murube y a partir de ahí fue el caballero quien tuvo que hacerlo todo, esperando mucho a la hora de clavar y dejando llegar las oleadas de manso que le regalaba el toro. Levantó a la plaza con tres cortas al violín y pinchó demasiado a la hora de finiquitar, por lo que el premio se quedó en ovación.

El cuarto salió tan manso y distraído como sus hermanos, y sudó Salgueiro para colocar los dos rejones. Discreto en el tercio de banderillas con un toro mansurrón y violento, anduvo mucho por la cara de un toro que nunca estuvo metido en la faena y derrochó voluntad a falta de más brillantez.

Colocó dos cortas con el auxiliador dándole capa al manso para que no se metiera en tablas y de la misma forma clavó un rejonazo bajo del que el toro rodó sin puntilla, le pidieron una oreja, pero el presidente no la concedió, quedándose el premio en vuelta al ruedo.

Tuvo mérito Pablo parando al quinto, un animal con doble ritmo y que quería ponerse por delante de la cabalgadura al que el navarro metió en vereda a base de temple. A lomos de Dalí cuajó el tercio de banderillas, en una faena de capacidad y compromiso ante el toro de más ritmo de la tarde.

Sobresalió en las piruetas en la misma cara, cosiendo la embestida luego a la grupa y metiéndose por los adentros. Sensacional fue la ejecución de las cortas a dos manos montando a Fusilero, y el rejonazo tras el pinchazo que no le impidió pasear las dos orejas.

El temple fue también el arma que utilizó Leonardo para parar al sexto, un animal con menos movilidad pero también sin la violencia de su primero.Le ofreció los pechos de Verdi en banderillas, y limpios fueron los quiebros. Clavó a dos manos las largas con Xarope y levantó al tendido entregado con las cortas al violín.

Pinchó en el primer encuentro, pero el segundo rejonazo terminó con la feria y con el toro, y con Leonardo paseando las dos orejas y saliendo a hombros junto a Pablo Hermoso de Mendoza.

Ficha del festejo:
Última corrida de la Feria de La Blanca. Dos tercios de entrada. Toros de Murube.

Joao Salgueiro: silencio y vuelta al ruedo.
Hermoso de Mendoza: oreja y dos orejas.
Leonardo Hernández: ovación y dos orejas.

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