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Como Talavante no hay dos

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10/02/2012 20:01
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¡Como México no hay dos!, dice una famosa canción, y hace honor a la verdad. Sentir el cariño mexicano en la piel es una delicia, un regalo para los sentidos. Vivir toros en La México es una experiencia única, algo que acaricia el alma y permanece en el recuerdo para siempre. Si, además, siendo total y absolutamente talavantina, siempre y desde siempre y para siempre, figura Alejandro Talavante en los carteles de las corridas de Aniversario la felicidad completa existe en ese momento. Así fue para mí... sensaciones de fuego y esencia marcadas segundo a segundo... Alejandro Talavante es el toreo hecho arte y aroma. Me ha hechizado con sus lances desde la primera vez que le vi torear, es un Maestro en estampa clásica y oro que se deshace en las plazas en faenas de suspiros y belleza. Talavante para mí es la magia... simplemente contemplar su paseíllo nutre y aporta, tan elegante, tan entregado, tan torero. Aquella tarde del anhelado 4 de febrero apareció en carmín y deseos de triunfo, mirada firme, sonrisa de enigmas. Y se me hizo un nudo en la garganta... el momento soñado era real, estaba allí, dispuesto a engalanar su danza bella con los toros de Barralva.

Fue, la del sábado, una corrida curiosa que disfruté mucho. Ana Batista puso su parte, templada y serena, y me resultó agradable. Y los forcados queretanos me llamaron la atención, su espectáculo es interesante, además a mí me atrapan todas las culturas, y ese legado tradicional me pareció atrayente.

Pa´conquistar corazones no hay mejor que un mexicano, letra mariachi, no miente. La afición de ese país ama el toreo y lo respeta. Gustan mucho, además, de los haceres y quehaceres de Alejandro Talavante, porque su concepto se adapta muy bien al tipo de toreo que encandila en México. El extremeño es imaginativo, diferente, posee una estética vertical y pura, jamás aburre porque goza de un repertorio variadísimo, y destaca por su tremenda creatividad y por el duende que desprende. Es una joya delicada en el albero, un ángel sobre el ruedo...

Alejandro lidió en toda la tarde, nublada tarde en la que el sol nada más lucía cuando toreaba él, tres astados, regaló uno. Ninguno de los bureles tuvo fuerza ni embestida, una lástima, porque el derroche de fantasía y de pasión que puso el torero mereció colaboración por parte de los compañeros de juego. Talavante inventa estampas que él sueña en su mente taurina y luego traslada al redondel. Allí las dibuja, y allí los talavantinos y los amantes del toreo las apreciamos, nos emocionamos con ellas, y las aplaudimos hasta que se rompen las palmas. Alejandro es tiempo suspendido en un capote de seda rosa que empieza en su corazón pacense de torero inquieto y termina mecido en el viento que lo mima. Es mágica la capa de Talavante, traviesa, bella, como un verso y una rosa, como un latido, como un beso. Y la Plaza se desgarra en oles, oles mexicanos, rotos, rotundos, redondos, muy largos, tan largos que arrastran la vocal tanto como el Maestro de Puebla de Sancho Pérez arrastra la magia en uno de sus lanceos sobrenaturales.

Cómo fue, no sé decirte cómo fue... lo dice un lindo tema mexicano, pero se puede aplicar a la muleta talavantina. Cómo fue que esa muleta bendita de Alejandro enamoró México y cautivó almas... cómo fue... El mago Talavante es siempre distinto, lee las miradas de los toros y sabe interpretarlas. Se adueña de terrenos imposibles donde él dicta su ley de hermosura y toreo verdadero. Torea como hoy y como ayer, une México y España en baile fino, inventa y re-inventa... Su muleta es plástica, siento las lágrimas pellizcando mis pestañas cuando él se desmaya en naturales de ensueño. Me embruja en cada uno de sus pases, si con esa arrucina tan suya y tan honda me arranca una emoción, con la tafallera son dos las que se lleva, porque mi corazón se abandona a la ilusión que Talavante escribe en la arena. Son suspiros, segundos, un rosario del Rocío entre los dedos, esperanzas... son anhelos de que la faena de Alejandro se congele en la historia y no se acabe nunca, tan larga, tan embriagada de pureza, tan profunda.

Me entusiasma.

Alejandro Talavante es la verdad. Borda lances antiguos y los combina con lances modernos. Brotan de cada uno de sus movimientos perfume y sabor. Es como una luz que ilumina, que lo ilumina todo, que lo vuelve todo dorado, y brillante, y mágico. Es la frescura salvaje que emana de sus muñecas hechiceras al compás de toda la sabiduría histórica que encierra su cabeza torera. Yo no sé lo qué es, es todo... Alejandro Talavante es el alma etérea en movimiento, es notas musicales suaves y sedosas, es ese cuerpo desmayado suyo que hace que la plaza tiemble de gozo, es estética, y ética, es temple y entrega y firmeza, una caricia, es fragancia y arte puro. Talavante es el misterio, el toreo añejo y el toreo joven, el diálogo bonito entre toro y torero, flamenco y sereno... Es manoletinas que enamoran el alma, es jaleos bruñidos desde lo más bajo y desde lo más hondo... Contigo aprendí, Alejandro, que existen nuevas y mejores emociones, y tú las reúnes en tu capote y en tu muleta, tú has sido bendecido para la gloria, y para la historia.

Cuando Alejandro concluyó su toreo original y único, cuando el cielo rojo de México empezaba a oscurecer hacia el crepúsculo, tuve la certeza absoluta de que para mí como Talavante no hay dos...

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