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El camarote de los Marx

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24/01/2012 11:23
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Si como  escribió con su mordaz sabiduría el gran Manolo Vázquez Montalbán, el más Marx de los hermanos Marx era Carlos, la Unión de Criadores de Toros de Lidia con su comunicado ad hoc y pese a no tener nada que ver ¡dios nos libre! ni con Groucho, Chico o Harpo y aún menos con don Carlos ha contribuido a que el toreo, su entramado, sea la versión cañí del celebrado camarote de la marxista familia. Y es que una vez leídos, interpretados, analizados, criticados o ponderados la sucesión de comunicados, vamos dados (y perdonen por la cacofonía).

Los apoderados, los empresarios, los ganaderos (alguno hay que reúne estas tres condiciones ), los matadores, los subalternos, los medios con intereses en el asunto y esa gestora de derechos de imagen que a uno, la verdad, le suena a NBA u Orange Bowl, han dicho la suya al tiempo que más o menos disimuladamente metían el dedo en el ojo del otro - siguiendo una malsana enseñanza balompédica- . Sólo se echa en falta la voz de la afición y el toro.

Concedido que por ley de naturaleza el toro no habla (pese al empeño de Disney y los Anselmi boys porque así sea) el aficionado es el perenne mudo, quizás como homenaje a Harpo, ya ven.

Claro que si analizamos el comunicado de la UCTL, que por cierto y atendiendo al rebote que han pillado muchos de sus miembros parece que cojea de la primera inicial, la voz del toro son ellos, aunque sea por persona interpuesta. Resulta cuanto menos curioso (o sospechoso, para los más suspicaces) que ahora pidan la voz y la palabra ayudando en la ceremonia de la confusión y lo hagan desde una pretendida altura de miras.

La foto de la mesa desde la que se ha leído el comunicado y las reacciones inmediatas de quienes no estaban al tanto de ello contribuye aún más al desaguisado. Junto al presidente, Carlos Núñez, se puede ver a Fernando Cuadri y Victorino Martín, entre otros, algo así como si la presencia de éstos, de reconocida reputación, otorgara un plus ¡uy, perdón! de credibilidad. Por su parte, entre quienes se han pronunciado en contra de la forma y el fondo de la nota de la UCTL  están ganaderos como Juan Pedro o Justo Hernández,  tan del gusto de las figuras, por cierto.

Mientras Miura habla y  va por libre- como sus toros- y el más beligerante es Victorino, quizás porque tiene poco que perder y mucho a ganar, hay que detenerse en lo dicho por Joselito, hoy ganadero con dificultades para entrar  en carteles de postín porque sus toros parecen empeñados en dar la razón al dicho aquel de que se parecen al criador (entiéndase con ello el indómito carácter de José Miguel Arroyo), interrogándose por el oportunismo o inoportunidad del comunicado.

Por cierto, como recuerda la nota de Burladero, el torero madrileño vivió junto a José Tomás la insolidaridad de sus compañeros cuando se plantó, la temporada del 2000, precisamente por los derechos televisivos, en la negociación con Vía Digital. Una insolidaridad que ya vivió en sus carnes y en sus contratos Luis Francisco Esplá un año antes, aunque la supo revertir con una tarde cumbre en Las Ventas en la Feria de Otoño en que  cortó dos orejas a un Victorino terrorífico que había mandado a El Califa a la enfermería. Por cierto, Esplá se negó a salir en hombros en solidaridad- él sí-  con el compañero herido.

Dicho todo lo anterior, algo así como un memorial de agravios, sigue faltando la voz del pueblo, el aficionado quiero decir. Sin él, apaga y vámonos. Claro que sería iluso pretender que, con todo el guirigay, unos, otros y los de más allá, se acordaran del sufrido pagano si, como la historia demuestra, sólo parece estar allí, en las plazas o ante la televisión, como figurante.

Pues no, miren. Si la corrida moderna parte, precisamente, de la subversión del pueblo que toma los tendidos cual escaños. Si quien más quien menos, sesudos intelectuales entre ellos, proclaman la naturaleza cabalmente democrática del espectáculo taurino. Si el aficionado y también el público de ocasión es, por activa con su paso por taquilla- la de la pantallita también-  o por pasiva, pues el dinero público con que, cada vez menos,  Ayuntamientos y Diputaciones subvencionan algunas ferias  sale en parte de su bolsillo, algo tendrá que decir. Pero no le dejan. O no sabe. O no le escuchan. El aficionado  cuenta poco, o nada. Y, además, lo tiene asumido. A algunos les basta con alzar la voz a mitad de faena, o sacar un moquero verde, o mentar la madre al presidente. Y se desfogan. La mayoría prefiere quedarse con una verónica de alhelí o el natural profundo mientras abandona la plaza rumiando aquello de ¿a dónde vas? a los toros!- léase con entusiasmo- ¿de dónde vienes? de los toros- léase con voz queda y compungida-.

Pero, ojo, el hartazgo puede llegar, empujado además por la situación económica. Si así ocurre, de nada valdrán All Sports, G10,UT, UCTL, Canal Plus y otras sopas de letras. Volviendo a los Marx "y además, dos huevos duros".

 

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