No podía parar quieto. Fue en una entrevista concedida a Alfredo Casas. El empresario de la plaza de Salamanca, además de empresario de Córdoba, Málaga, San Sebastián, Almería y Logroño y gerente de Vic Fezensac, Santander y Bilbao, se metió de lleno en la encrucijada del pulso de los derechos de televisión. Él, que no estaba llamado a esta batalla. Él, que no tiene ninguna feria televisada, porque en Bilbao el verdadero empresario es la Junta Administrativa del coso. Él, don Pablo Martínez Laviano, conocido ya en el mundo entero como don Pablo Chopera.
¿Y si no estaba llamado don Pablo a esta batalla, por qué se metió? Esa es la primera pregunta que todos se hacen. Sencillo: por la pérdida de poder sobre el presunto derecho de pernada que hasta ahora ejerce sobre los matadores. Todo ello subyace en la cabeza de los toreros. El derecho de pernada, casi nada al aparato. El derecho de pernada se remonta a época medieval, cuando el señor feudal teóricamente establecía la potestad señorial de tener relaciones sexuales con toda doncela (o macho), sierva o siervo de su feudo. Y es que el conflicto actual del toreo es muy parecido a aquello. Repartidos los latifundios en forma de plazas de toros, todos los importantes cosos aglutinados y manejados por cuatro cabezas y dos empresas, como quien dice: Choperas, Choperitas, Casas y Matillas.
Los toreros, cansados ya de ese derecho de pernada con sus derechos de imagen contrataron a All Sport Media (ASM) para poner freno a la situación en época alta de cierre de fechas y ferias. Los toreros han hablado poco e intentan zanjar esa situación medieval con algo tan reconocido e intrínseco a la persona como los derechos a la propia imagen. Los empresarios han hecho poco (salvo aprovecharse de su imagen durante años y años) y en los últimos días han hablado mucho. El que más, el que menos afectado, nuestro don Pablo Chopera. Habla el feudal de todas esas plazas mentadas antes, don Pablo, del oscurantismo de los toreros. Todo ello mientras él y los otros magnates del empresario taurino se reunían el martes pasado en el madrileño Hotel Wellington sin luz, ni taquígrafos y sin comunicados. Cuentan las lenguas de doble filo que hasta se habló de sellar un acuerdo notarial de todos para no contratar a nadie del reconocido G10.
Habla don Pablo también de las cuentas, porque viene a decir que los toreros solo quieren dinero. Y amenaza con hacerlas públicas. Pero se las guarda en un cajón oscuro. Habla también don Pablo de ajustar costes, precisamente él, que en la pasada feria de salamanca metió tres o cuatro tardes de costes mínimos con entradas de solanera vacía a precio de 30 pavos. Dice textual don Pablo que lo que le resulta "más difícil de comprender es que los toreros intentan encarecer el mercado taurino". Y los toreros, que no hablan y sí actúan, dejan claro que lo que quieren es que nadie se reparta su dinero.
Si hablamos de cifra lo hacemos de dos al azar. Los maestrantes, esos antiguos señores feudales que son herederos de la propiedad de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Esos señores maestrantes se quedan con el 25% del dinero que paga Canal Plus por retransmitir las corridas de la Feria de Abril. Los que se juegan la vida en el ruedo, señores, se quedan con un 20%. ¿Es lícito? Otra cifra. Corrida de Adolfo Martín en Madrid y plaza llena. 80 kilos en taquilla y un torero de ferias en las duras se lleva como salario total 24.000 euros con unos gastos fijos de 9.000. ¿Es normal? Don Pabo, ¡Cómo le gusta su lodazal!
Javier Hernández
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